Itaca en la mente

"Siempre ten a Itaca en tu mente; llegar allí es tu meta, pero no apresures el viaje. Es mejor que dure mucho, mejor anclar cuando estés viejo. Pleno con la experiencia del viaje..." Constantino Cavafis

lunes, marzo 31, 2008

Ríos de hielo



Visitar el Parque Nacional de los Glaciares, en la Patagonia argentina es una de las mejores experiencias de mi vida. Son gigantescos riós de hielo, con corrientes y olas congeladas que se desplazan cientos de kilómetros por la cordillera de los Andes. Algunos de ellos, como el Upsala, ocupan superficies de hasta 900 kilómetros ciadrados. Sus paredes miden 60 u 80 metros en su parte visible, pero como los icebergs, ocultan bajo las aguas una extensión hasta 6 veces mayor. El más impresionante a la vista es el glaciar Perito Moreno, cuya cara norte puede apreciarse en la foto tomada desde la península de Magallanes.

Las fotografías son un buen medio para apreciar su magnificencia, pero a veces resultan insuficientes para reflejar todo su esplendor. Por eso, en esta ocasión me pareció que recurrir a las imágenes del satélite (del infaltable Google Earth) permite dar una visión distinta de este portento de la naturaleza y así poder comunicar a quien le interese esta intesa experiencia de mi viaje con Xavier y Alejandro.

En esta primera primera imagen se puede ver el lago Argentino (el más grande de Argentina y el segundo más grande de América del sur) con sus dos grandes brazos a la izquierda: el sur (abajo) y el norte. En el sur se ve el glaciar Perito Moreno (muy blanco) tocando la península de Magallanes (la más redonda) y obstruyendo el canal.
Hacía el norte (más arriba) se ve otro gran lago llamado lago Viedma:


Ver mapa más grande

En la segunda imagen se ve sólo el lago Argentino con sus brazos sur y norte. Acá se ve todavía más claro cómo el glaciar Perito Moreno toca la península de Magallanes.


Ver mapa más grande

Por si quedan dudas, esta es una mayor ampliación del Perito Moreno tocando la península de magallanes y bloqueando el paso entre el Brazo Rico (al sur -abajo) y el Canal de los Témpanos al norte.


Ver mapa más grande

En la cara sur del glaciar Perito Moreno, en donde choca con la península de Magallanes cominenza a formarse una cueva por la presión del agua bloqueada por el glaciar y que pugna por salir. Cuando la el túnel atraviesa toda la parte que une al glaciar con la península, esta parte del glaciar se derrumba y es espectacular. Eso pasa cada ciertos años y nosotros no lo vimos.



Aquí se ve la parte norte de la península Avellanada. Arriba de esta península está el brazo Upsala, en el que desemboca el glaciar Upsala (arriba), el más grande de todos (900 kilómetros cuadrados).


Ver mapa más grande

La navegación, según se va uno acercando al glaciar Upsala se vuelve un tanto complicada a causa de los múltiples témpanos que flotan en el lago que en esta parte tiene unos 800 metros de profundidad.



Y abajo del brazo Uspala está el canal Spegazzini, en donde desemboca el glaciar Spegazzini. Todos estos brazos y canales los navegamos y vimos de cerca los glaciares. A la izquierda del inicio del brazo Upsala se ve una bahía y junto a ella, como un pequeño cacahuate, el lago Onelli.



A continuación se ve todavía más ampliada la imagen satelital del lago Onelli, con la bahía Onelli (en el canal Upsala) a la derecha. Ese pequeño brazo de tierra que separa la bahía Onelli del lago del mismo nombre mide un kilòmetro y que atravesamos por un sendero que recorrimos a pie desde el embarcadero en el lago Argentino.


Ver mapa más grande

En el lago Onelli desembocan tres glaciares: el Onelli al suroeste, el Bolados al noroeste y el Aggasiz al norte. En el lago hay témpanos que se desprenden de los glaciares. Es un lugar fascinante. Por último esta foto en la orilla del lago Onelli con Alejandro (izquierda) y Xavier (derecha). Sobre mi cabeza se alcanza a ver el glaciar Aggasiz.

domingo, marzo 30, 2008

Tango con cacerola y sin bandoleón


Noche de un martes caluroso en Buenos Aires recién entrado el otoño. Es el 25 de marzo, El servicio meteorológico anunciaba tormentas para la noche. Merienda en un café de la Avenida Santa Fe, frente a la hermosa librería El Ateneo. Suenan los primero truenos, pero no, parece más bien la incipiente celebración de una victoria de fútbol. Veamos, ¿qué equipo porteño no jugaba hoy? Acá hay fútbol un día sí y al otro también.
Lo que era un rumor se convierte en un ruido que va intensificando su ritmo. La gente pasa por la acera golpeando cacerolas y sartenes con cucharas, tenedores, cucharones y hasta bastones de polo.
El padre de una familia que cena en una mesa junto a madre e hija, pregunta “¿qué piden estos?”. Una mujer de unos 60 años, vestida con traje sastre de corte clásico y con un peinado de hongo impecable le contesta: “¡Qué van a pedir, que no nos jodan! Porque este gobierno nos está jodiendo a todos. A los del campo y también a nosotros”.

Se cumple la primera semana de un paro agrario que comienza a causar desabasto y encarecimiento de productos alimenticios en Buenos Aires. El día anterior los estudiantes argentinos, niños y jóvenes, iniciaron las clases tras las vacaciones del verano austral y las familias se encontraron las estanterías de supermercado semivacías o de plano sin productos en el caso de los lácteos. La carne, el sacrosanto bifé se ha ido esta vez por los cielos, pero sólo en el precio. Como turista uno no lo nota en los cafés y restaurantes, pero claro, uno no va al mandado.
El cabreo es mayúsculo.
Los parroquianos del café, la familia, la señora con su marido y nosotros (viajo con dos de mis tres hijos) salimos a la calle. Ellos van haciendo ruido con las palmas de la mano, nosotros filmamos y hacemos fotos. En unos minutos se ha juntado una pequeña multitud en la esquina de Callao y Santa Fe, que bien podría ser el cruce de Serrano y Goya en Madrid o de Mazaryk y Thiers en México, para que se den una idea de la zona, aunque definitivamente se parece mucho más a Madrid.

Salen de todos lados. Familias con niños pequeños; colegialas de uniforme, falda plisada a cuadros; grupos de adolescentes; abuelos y nietos se van juntando en la acera y como cada vez son más van ocupando el arroyo vehicular hasta cortar la circulación, primero en la Avenida Santa Fe y más al rato Callao. En estruendo comienza a ser ensordecedor. Me acuerdo de lo que me dijo José Vales, con quien cenamos junto con su esposa Analía el domingo en un restaurante de San Telmo y el lunes en su casa, una deliciosa parrillada con bife de chorizo y de lomo, queso provolone regada con vino de Mendoza y con mate, pese a los cortes carreteros de los agricultores. José me dijo: “Ojo, que esto se puede poner feo. Igual y a Cristina le pasa como a De la Rúa”.
Palabras de profeta, pensé al ver esta revolución espontánea. Así comenzó el principio del fin de Fernando de la Rúa, con una cacerolada espontánea a la que se unieron decenas de miles argentinos cabreados y hastiados. La tonta idea de reprimir a ciudadanos pacíficos incendió otra al día siguiente y al otro hasta que hubo muertos y el presidente de la Rúa tuvo que escapara en helicóptero y salir del país.
¿Estará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner calcando a De la Rúa? Porque todo comenzó con un discurso desafortunado y prepotente que transmitió en cadena nacional para desacreditar al movimiento del campo. Un caso notable de ceguera intelectual. No encontré a nadie, en los diversos lugares de Buenos Aires y tampoco en el Calafate, en la Patagonia, un apacible pueblito donde la presidenta tiene su casa de verano, que no apoyara y comprendiera a los agricultores. No les llamo campesinos para no confundir con una especie de movimiento zapatista. En Argentina los agricultores ganan bien por lo general y también hay enormes empresarios del campo.
Su cabreo es porque de golpe y porrazo el gobierno les aumentó a 40% las retenciones de impuestos. Algo como para alegrar a cualquiera. Claro, no todos los países tienen el mismo temperamento. En México igual nadie dice nada y años después la gente sale a la calle y destruye todo porque sopla el viento. Es un decir. Los argentinos son más directos. Les tocas las pelotas y salen a la calle a sonar las cacerolas para hacértelo saber. Y eso fue lo que hizo la presidenta con su discurso: tocarles las pelotas.
Así que lo que parecía ser una expresión de cabreo de unos cuantos cientos se convirtió por arte de brirlibirloque en una manifestación de miles que bajaron por Santa Fe para unirse a otro grupo que estaba en el Obelisco, en Avenida 9 de julio (con 16 carriles y la más ancha del mundo según dicen en Buenos Aires) y de ahí seguir a la plaza de Mayo, el Zócalo Bonaerense, donde está la Catedral, el Cabildo y el Palacio de gobierno, la Famosa Casa rosada. Y ahí fuimos nosotros también, de mirones, filmando y tomando fotos de una marcha de carácter familiar que tenía mucho de festivo.

Pero en la plaza de Mayo, luego de un rato de ritmo de cacerolas y cánticos, se acabó la diversión, porque llegó un grupo de piqueteros (golpeadores profesionales al servicio del gobierno de los Kirchner) y los muy puñeteros comenzaron a romper madres. No porque estuvieran presentes las famosas madres de la palza de Mayo, sino porque soltaron mandobles y puñetazos a diestra y siniestra contra los pacíficos ciudadanos que cívicamente se manifestaban. Y la policía, parecía la del DF: tras las rejas y escudos protectores nada más miraba como se madreaban a la gente. Por fortuna, para ese momento ya me encontraba en el hotel con mis hijos. Y así, la moraleja de ese día fue que la vida es un tango y como dice Cambalache: la vida (política) es y será una porquería en el 2001 como en el 2008.