Trepado en la Gran Muralla

La Gran Muralla China es algo imponente. Da vértigo imaginar siquiera sus casi 7 mil kilómetros de extensión. Pero la parte que se visita cerca de Beijing tiene unos cuantos kilómetros. Suficientes para no pretender abarcarlos todos. Por lo demás es realmente impresionante. Con sus escarpadas subidas y sus peldaños desiguales. Como pasa con las pirámides de Teotihuacan, es más fácil subirla que bajarla, entre otras cosas porque en el descenso hay que mirar hacia abajo.
Algo que me llamó la atención es el número de ancianos que trepan por sus irregulares escalones, aferrados a la baranda. Especialmente un hombre que me recordó un refrán de la sabiduría china que dice que hay que ser como el bambú, flexible y resistente, porque se dobla, pero no se quiebra.
El lunes terminamos un poco más temprano de lo previsto la visita a la Gran Muralla, así que nos dio tiempo de pasar a conocer la Plaza de Tiananmen y una pequeña parte de la Ciudad prohibida, donde vivieron los emperadores chinos. Hablo en plural porque no viajo sólo, sino en compañía de seis colegas latinoamericanos y tres guías chinos. Por la tarde la jornada fue de trabajo con una entrevista con Li Jinzhang, viceministro de Asuntos Exteriores de China, quien mostró ser un profundo conocedor de América Latina, donde ha vivido por muchos años en diversos países. Fue una entrevista interesante pese al formalismo del formato. Si quieren leer el resultado de la entrevista visiten esta página:
Y el día cerró con una invitación a cenar por parte del subdirector general del Departamento de Información del Ministerio de Asuntos exteriores, Ma Jisheng.
El señor Ma es un funcionario de la vieja guardia que al igual que su país ha sabido evolucionar para adaptarse a la realidad cambiante del mundo. Aún así conserva mucho del viejo estilo. Durante la cena se trataron varios temas, con interprete de por medio. El interprete, por cierto, que es uno de los traductores oficiales del ministerio, merecería una mención aparte.
En la conversación el señor Ma defendió el sistema socialista chino a capa y espada. Entonces alguien aprovechó para recordarle que según Marx el socialismo no era más que un estado transitorio cuya finalidad era dar paso al comunismo, un estado igualitario ideal en el que desaparecería el Estado, porque ya no tendría razón de ser. En ese momento el funcionario se declaró orgulloso miembro del Partido Comunista de China y dijo estar convencido de que el comunismo sería realidad algún día. O sea, estábamos ante un comunista por convicción que adoptó el capitalismo como instrumento para lograr el desarrollo del pueblo chino y así llegar, algún día, al comunismo. Interesante.
Pero lo que realmente me conmovió del señor Ma fue la sinceridad y hasta la humilde frialdad con la que reconoció que él había participado en la revolución cultural y que entonces hablaba con menosprecio de los Derechos Humanos, pero que ahora su país y él habían cambiado y le daban otro valor a esos derechos. Y me conmovió porque en la forma en que lo dijo se podía ver el enorme esfuerzo de voluntad que tuvo que hacer para lograr esa transformación.
En fin, que China está cambiando y, por lo menos esta parte de China que nos están haciendo visitar, es un país próspero, moderno, ávido de productos de calidad y una excelente oportunidad para quien pueda y quiera aprovecharla. De eso habló en la entrevista el viceministro Li, que poco menos vino a decir que los empresarios mexicanos deberían de ponerse las pilas y hacer el esfuerzo de venir a prospectar a China y de invertir en promover sus productos para llegar a un mercado abierto y que busca consumir mucho y bueno.

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